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Parece mentira, pero ya hace un año que dio el pistoletazo de salida por primera vez uno de los festivales más aclamados por crítica y público tanto en la escena nacional como internacional. Hablamos, cómo no, de la apuesta por la música electrónica y la cultura de club que hace FSM una vez al año en el inmenso pabellón Madrid Arena, reuniendo en un mismo certamen a los DJ’s más aclamados del mundo junto a las promesas del futuro, representadas éstas por colectivos de “clubbers”. El festival, del mismo modo que el año pasado, constaba de dos jornadas en las cuáles ampliaron su oferta respecto al año pasado, puesto que en esta ocasión contaron con 5 “Stages”, dando una mayor cabida al Hip Hop y al Drum ‘N’ Bass.

Casualidades de la vida, o mejor dicho, impertinencias, hicieron que de haber un sol radiante y un clima estupendo los días previos al festival, una maraña de nubes hiciera acto de presencia y echase por tierra o, mejor dicho, por agua, los planes de muchos. Y algunos dirán, ¿qué más da que lloviera si el festival era en un recinto cerrado?, y sí, en ese aspecto la lluvia era poco importante, pero a todos aquellos que antes de entrar, les gusta llevar a cabo el ritual del botellón, se les “aguó” la fiesta.

La organización de este año fue un poco diferente a la del año pasado, y en muchos términos mejoró, aunque en otros siguió pecando de “novatos”. Hay que recordar que ésta es solamente la 2ª edición de un festival de masas, y es sólo al cabo del tiempo cuando se van puliendo los problemas que se ocasionan en éstos; por ejemplo, el tapón de gente que se originó a la salida de ambos días. Es justo decir que el tapón no fue de la misma magnitud que el del año pasado, pero no obstante en ese aspecto pueden y, seguramente deben, mejorar bastante.

Puestos en lo que fue la esencia del festival, ese arte que mezcla melodías, ritmos y armonías llamado música, pero en su vertiente más electrónica y underground, sobra decir que para los entendidos en la materia, éste Klubbers fue lo que para un clasicista asistir en directo a un concierto de la orquesta filarmónica de Viena. Y puede sonar a una comparación exagerada, pero no lo es. La grandísima variedad de sonidos electrónicos, experimentales, minimalistas, contundentes y melodiosos que se dieron cita durante estos dos días, hicieron las delicias de decenas de miles de “clubbers” que allí se congregaron.

Ponerse a decir uno por uno los nombres de los artistas que asistieron al festival sería de locos, puesto que rondaban casi las 3 cifras; triste, por un lado, ya que era materialmente imposible seguir a todos y, embriagador y entusiasta por otro, por poder contar con un evento así en tu propia ciudad. El festival en sí ejerció de imán por toda la península, ya que gente venida de todas partes de España quiso también participar y ser testigo de un Klubbers que ya se tutea con eventos tales como Monegros o Creamfields en cuánto a estrellas y público se refiere.

Centrándonos primero en la Main del Madrid Arena, Ralph Montana fue quién cortó la cinta de inauguración de ésta edición 2007; conocido sobre todo en la escena madrileña debido a su residencia en Danzoo Macumba, ofreció un set más acorde a las horas en las que actuaba, es decir, tranquilo, y poco o nada que ver a lo que “pincha” cuando se cambia al nombre de Karretero, alias que usa cuando quiere ensordecer a su público a base de hard-techno. Le siguió en la faena uno de nuestros españoles más internacionales, el único e incomparable Alex Under. Mucha gente se preguntó el porqué de su actuación a unas horas tan intempestivas, pero en esos momentos la gente prefería disfrutar más que pensar, de modo que se dejaron llevar por el minimalismo que Alex Under ofrece en todas sus sesiones y mover el esqueleto. A esas horas, en otros “stages”, se daban cita gente como Starkillers, alias que corresponde al estadounidense Nick Terranova, un personaje con pasado “trancero” y un presente cargado de House y Electro. Otros que se dieron cita fueron Marco Carola y Motor, éste último desarrollando un live! cuanto menos curioso en el Pabellón de cristal; powerbook, gafas de sol y capucha en mano, fue lo único que necesitó para llevar a cabo un riguroso directo que dejó a más de uno boquiabierto debido a la “rareza” a la que se enfrentaban, pero que no obstante hizo bailar a los allí presentes, quizá por lo raro y divertido del asunto.

A partir de aquí, el dilema de los dilemas empezaba a acechar. -¿A quién vemos ahora?-, -¿a dónde vamos?-, eran las preguntas que más se escuchaban en todos y cada uno de los rincones del festival. La media noche reunió al mítico Laurent Garnier, junto al polifacético Felix Da Housecat y al ascendente y minimalista Jon Gaiser. Obviamente, ninguno de ellos compartía escenario y lo hicieron cada uno en el suyo correspondiente. Y un servidor se decantó por éste último, ya que a Garnier, a pesar de su genialidad, nos ha demostrado ya en cantidad de ocasiones su majestuosa calidad, y era momento de ver a nuevas figuras. Gaiser, amigo de Richie Hawtin (el cuál también se dejó ver por aquí), y que publica sus menesteres por el sello M_Nus, dio de sí lo que todos esperábamos: un set cargado de minimal melódico que seguramente le hizo ganarse muchos adeptos.

Después de estas actuaciones, volvían los conflictos. Turno de la archiconocida Misstress Barbara y del no menos famoso Richie Hawtin. –Dios mío-, exclamaban algunos. La verdad es que fue un sin vivir el tener que decidir cada dos horas a quién ver, pero esto precisamente es lo que hace grande a un evento de este tipo. El canadiense optó por recurrir a una sesión plagada de “singles” sacados al mercado por el sello al que antes hacíamos mención, M_Nus, “su sello”. Una sesión puramente minimalista que, sin embargo, no logró reunir los mismos destellos de calidad que el año pasado le hicieron ser uno de los más laureados de éste festival. Su actuación fue para enmarcar, y a pesar de que contó con uno de los picos más altos de público de los dos días, no llegó a alcanzar ese nivel. ¿Tenía el listón demasiado alto? Quizás.

La fiesta seguía, y era turno de escuchar a las viejas glorias. A falta de pocas actuaciones para llegar al ecuador del Klubbers de este año, coincidían ahora 3 “superstars” del celuloide con tres registros completamente diferentes. Por un lado teníamos al dúo alemán Modeselektor, dúo que lleva desde hace 5 años en lo más alto del escalafón electrónico con sus lives! y sus producciones equivalentes a cócteles musicales, que van desde el techno, electro o breakbeat al Leftfield o IDM. Pero por otro lado estaban también el más que mítico Green Velvet, en el que los años parecen no hacer mella en él, y el suizo con tintes chilenos Luciano. Optamos por Curtis Alan Jones, Green Velvet para los que les haya sonado a chino tal nombre, deseosos de revivir ese Techno made in Detroit el cuál hoy en día solo puede reescucharse a manos de los prodigios que lo crearon hace ya mucho tiempo. Puso temas como el “Rolling & Scratching” de Daft Punk, el famoso “Mouth to Mouth” de Audion y cómo no, el “Spastik”.

A continuación, sin necesidad de desplazarse a ningún otro “stage”, le cogía el relevo el británico Dave Clarke. Había ciertas dudas acerca de su actuación debido al cambio de registro que había venido experimentando últimamente, pero finalmente acalló muchas bocas volviendo al Techno elegante y bien estructurado que siempre le caracterizó. Fue una lástima perderse en el camino a gente como Ellen Allien, Agoria, Carl Craig o la nueva sensación española Marc Marzenit, pero quién captó nuestra máxima atención para dar por concluida ésta primera jornada del Klubbers fue Charles Siegling, uno de los integrantes del grupo Technasia; a decir verdad, la gente no esperaba otra cosa de él más que contundencia y ritmo, pero, a parte de cumplir con estas premisas, se escuchó uno de los mejores “sets” que se le recuerdan a éste tipo. Contundencia y una gran progresión, esos fueron los dos pilares sobre los que se sujetó toda su actuación. Al término de su sesión, Klubbers dio al botón de Pause y mandó a toda la gente a su casa a descansar. Todavía quedaba lo más grande, no estábamos sino en el ecuador de algo que estaba cumpliendo las expectativas de todos, y del que todavía quedaban horas y más horas de música y diversión.

Ya en el sábado, a pesar de que el tiempo seguía trayendo de cabeza a más de uno, se vio, al igual que el año pasado, el aumento más que considerable de público respecto al día anterior. Uno de los motivos fue ni más ni menos que la incorporación al cartel de las ansiadas estrellas representativas del Hip & Hop y el Drum ‘N’ Bass, que en éste día hacían por fin acto de presencia. La oferta contaba también con el mismo formato del día anterior, DJ’s de renombre con DJ’s de igual talento aunque con un nombre menos labrado.

En el Pabellón Satellite, rebautizado para éste día como “Satellite Hip Hop/D&B”, comenzó a emitir sus primeros compases con Acción Sánchez, seguido de Rapsuskley & Hazhe. Las actuaciones de éstos sirvieron de “warm up” para la esperada actuación de los neoyorquinos M.O.P., que a pesar del retraso inicial de su actuación, sirvió para regalar a algunos de sus fans temas tan conocidos como el “Ante Up” o el “Cold As Ice”.

Sumidos de nuevo en el síndrome Klubbers, el cuál consiste en la desorientación de no saber qué lugares visitar y cuáles desechar, actuaban al mismo tiempo pero en escenarios diferentes gente como el francés David Guetta (del cuál más de uno no llegó a comprender el cometido exacto de este hombre en un festival como éste), las españolas más insinuantes y sensuales del panorama musical internacional, conocidas también como Dirty Princess, y uno de los platos fuertes del festival: Q-Bert, para muchos el mejor DJ del mundo. Éste último comenzó con algunos problemas técnicos ajenos a él, que le impidieron conectar con el público desde un primer momento. Pero no tardó en hacerse con las riendas de la situación y al son de sus palmadas y brazos mirando al cielo, consiguió enganchar de manera fulminante al público; como si de dar a un interruptor se tratase. Y si alguien pensaba que iba a tener una pequeña tregua, nada más lejos de la realidad. Acto seguido le tocaba el turno a otro de los más laureados y más queridos dentro del mundo “hip hopero”, el cantante estadounidense Busta Rhymes. Éstos artistas no son precisamente gente que se deje ver el pelo en exceso dentro de nuestras fronteras, y precisamente éste motivo fue uno de los que provocaron el estallido colectivo del público durante sus actuaciones. Fue uno de los momentos álgidos de la noche, pues no cabía ni un alfiler en ese “stage”. Rhymes, rodeado de miembros de seguridad hasta los topes, hacía vibrar los cimientos del Madrid Arena con sus graves ensordecedores y sus gestos de ánimo al público, acto que éste no dudó en responder con gritos y gestos de estar viviendo algo grande. Deleitó, entre otros tantos, con el “Touch It”, una de sus últimas producciones y una de las más tarareadas por el público junto a la de “Gimme Some More”, tema que alcanza ya casi la década.

Mientras tanto, en las otras áreas seguía el festival por otros cauces. En la Main Room comenzaba otro de los platos fuertes del festival, Frank Lorber. A esas horas la pista principal también contaba con un amplio número de adeptos a la electrónica minimalista y experimental, pues a partir de esos momentos la noche fue un auténtico desfile de “monstruos” musicales, cogiéndole el testigo a Lorber el también alemán Florian Senfter. Ataviado con una máscara, realizó, como siempre acostumbra a hacer Zombie Nation, un live! en el que lo que más resonó fue su “Booster”, tema que ha alcanzado una fama desorbitada y que ha sonado tanto en sesiones de los pincha discos más famosos del mundo, como en los programas de radio especializados en la materia con más radio oyentes que uno se pueda echar a la cara.

Y por fin, después de un día y medio de espera, le llegaba el turno al “chico prodigio” de la música electrónica. “-Un adelantado a nuestro tiempo-”, como le definen algunos. James Holden aparecía por fin en el escenario, dispuesto a regalarnos uno de esos sets cargados de rarezas y ritmos inclasificables que lo hacen, probablemente, único. Su sesión, que duró alrededor de las 2 horas y que fue la antesala de la actuación final y por tanto el fin a esta edición del Klubbers, incluyó temas como el “Air Conditionné” de Julian Jeweil, o el nuevo “Barcelona” de Misstress Barbara, el cual incluye un remix del propio Holden. Hubo gente del público que no logró saborear del todo su actuación, quizás por la originalidad de su set, pero tengan por seguro que fue en su línea, magistral.

Llegados ya a la recta final de lo que fue un fin de semana cargado de calidad musical, en la sala que horas antes experimentó lleno absoluto se daba cita uno de los amos del Drum ‘n’ Bass, el grupo más que idolatrado Pendulum. Pero dado que ésta actuación coincidía con el fin de Holden y el inicio de Pascal FEOS, hubo más de uno que se tuvo que quedar con las ganas de verles en directo y quedarse donde estaba. Pascal consiguió despertar del letargo en el que se hallaban sometidos algunos de los asistentes del público que no lograron descifrar la actuación de Holden, y gracias a temas como “Crispy Bacon” de Laurent Garnier, que a pesar de contar con años y años a sus espaldas, éste tema sigue moviendo a las masas como pocos, y “Mouth to Mouth” que utilizó para cerrar, consiguió que el público dijese adiós con la mejor cara posible, dentro de lo que cabe, a esta exitosa 2ª edición del Klubbers Day.

Conclusiones: FSM ha devuelto a Madrid al lugar que se merece. Klubbers es ya una realidad, y sólo es cuestión de tiempo el que se afiance en los primeros puestos nacionales en cuánto a festivales se refiere. Cumplidas todas las expectativas, no queda otra que esperar ansiosos al año que viene y dejar que nos sorprendan, nuevamente, con artistas que ilusionen a la gente y que reúnan de nuevo a tantísima gente por ese bien que es de todos: la música.

Agradecimientos a Miriam Blanco, que en todo momento ha puesto todas las facilidades precisas para que os podamos traer este reportaje a toda la gente del mediterráneo que nos leéis cada día. ¡Gracias!

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