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El pasado 12 de agosto, por tercera vez consecutiva, se celebró una nueva edición de Creamfields Andalucía. Ubicado en la playa de Villaricos, junto a las cuevas de Almanzor, hace de éste festival uno de los más ricos en cuanto a situación dada su privilegiada localización, haciendo de él además un evento único. Juntando ese factor con el impresionante cartel de artistas con el que se contaba, no había dudas de que nos encontrábamos ante una de las citas más importantes del año. Y así fue, puesto que en un solo día se logró reunir a la friolera de más de cuarenta mil personas. Toda una hazaña si tenemos en cuenta que esos son los números que suelen registrarse en los festivales de más de un día de duración, y este como ya dijimos, fue de sólo un día.

La concentración de gente empezó a vislumbrarse el día antes, cuando coches venidos de todas partes empezaban a inundar los aparcamientos preparándose para un día inolvidable. Los campings que allí había provocaron lleno absoluto, obligando a mucha gente a peregrinar a la playa a montar sus “chiringuitos”, cosa que tampoco estaba nada mal. Los coches, que llegaban sin cesar, tuvieron que buscar en un determinado momento del día su hueco a más de 3 kilómetros de distancia del lugar marcado en el mapa con una X, lo que demuestra el éxito total en cuanto a asistencia de gente.

Mientras unos tenían su fiesta montada en la propia playa, los más impacientes iban haciendo cola a las puertas del festival, deseosos de ver a algunos de sus ídolos en un escenario de ensueño, con el sol aún calentando las nucas de los allí presentes.

Alrededor de las 22.00, con cuatro horas de festival detrás, todas y cada una de las áreas ya presumían de tener un aforo más que aceptable. The Glimmers, por ejemplo, calentaba la LO.LI.TA Tent con una sesión divertida y desenfrenada, tal y como acostumbran a hacer en las frías noches belgas. Su música, que está hecha única y exclusivamente para bailar y divertirse, mezclaba desde sonidos pop hasta sonidos oscuros y envolventes, pasando por el rock o electro. A fin de cuentas, una actuación para divertirse y disfrutar bailando.

Poco antes de media noche, Alex Under tocaba las últimas notas de lo que sería su actuación en la PEPSI STAGE (coincidió en horas con The Glimmers), y daba paso a una de las estrellas del celuloide: Jeff Mills. El de Detroit, que sigue contando con un amplio surtido de seguidores, desgraciadamente tomó el mismo camino de siempre. Ofreció una sesión que a buen recaudo gustó a los que no le habían visto nunca en directo. Pero para los más experimentados y con más fiestas en sus espaldas que se hayan topado varias veces con Mills, probablemente empezarán a notar cierto tufillo proveniente de sus maletas. Nadie duda de su capacidad y maestría a los platos, pero alguien que le ve en directo con cierta frecuencia puede llegar a cansarse. Puso, cómo no, el mítico y a la vez quemado The Bells, que aunque éste tema sigue levantando pasiones, Mills parece que no conoce el dicho “renovarse o morir”.

Mientras tanto, en la SAN MIGUEL STAGE, que junto a las otras áreas exceptuando la LO.LI.TA eran al aire libre, los Pet Shop Boys ofrecían su concierto particular, cantando temas tan míticos como el Go West, cuyos fans tararearon como si sus vidas dependieran de ello.

Daban las 01.30 aproximadamente, cuando el inglés John Digweed se hacia cargo del disfrute del personal afincado en la SPEED OPEN AIR, que aunque tenía menos capacidad que las otras tres mencionadas anteriormente, era una que en apariencia ganaba bastante más que las otras, con un toque luminoso dentro de la cabina azul oscuro que se hacía bastante atractivo para la vista. Digweed ofreció un set magistral, digno de un auténtico “crack”, con unos sonidos electrizantes pero sin llegar al electro y provocando el movimiento de las masas, sin dejar a nadie indiferente. Cualquiera que escuche su show radiofónico “Transitions”, oirá auténtico progressive-house de las manos de Digweed y podrá hacerse una idea de lo que salió por los altavoces durante su actuación.

Y sin darse uno cuenta, dieron las 3.30, y muy cerca de ahí comenzaba uno de los más esperados de la noche (al menos para un servidor). Vitalic, que se ha convertido en poco tiempo en toda una estrella y cabeza de cartel en gran número de festivales de renombre, fue sin duda alguna el alma máter de éste Creamfields. Fue el que mejor música metió, el que más hizo vibrar a la gente, el que más gente congregó a sus pies y el que en definitiva salió más victorioso de esa gran noche (pues además de ofrecer una actuación sin igual, Miss Kittin luego anunció la reciente paternidad de Pascal Arbez-Nicolas, es decir, Vitalic). Temas rompedores que provocaron a más de uno agujetas al día siguiente, temas que podrían pasar a denominarse “Vitalic-Style”, por lo bien que suenan cuando él los toca. Un auténtico 10 para el ucraniano.

Y una hora después de vivir un auténtico espectáculo sonoro, aparecía en escena la camaleónica Carolina Hervé, o lo que es lo mismo, Miss Kittin. La francesa, que no necesita acto de presentación, dio un giro radical a la música que había estado sonando minutos antes, optando por un electro más relajado aunque no menos bailable. Cabe destacar la bonita voz que tiene, la cual prestaba a los temas que requerían de su presencia. Una voz angelical para una mujer que aparenta ser una “chica mala”. La nota negativa de su actuación fue el “extravío” de su propia música, viéndose obligada a mezclar con discos “prestados”.

Alrededor de las 6 de la mañana, cuando el amanecer estaba próximo, el gran e inimitable Carl Cox hizo acto de presencia. Se nota que es un ídolo de masas, pues fue asomar su voluminoso cuerpo en el escenario y recibir una gran tira de aplausos y ovaciones que él, agradecido, no dudó en devolver el cariño mostrado ofreciendo una actuación cómo sólo el sabe hacer. No obstante, Carl tuvo serios problemas al comienzo de su actuación debido a unos problemas de sonido que tardaron más de lo previsto en arreglar, lo cuál reflejó el malestar entre gran parte del público ofreciendo una sonora pitada. Pero Cox, que tiene esa habilidad de levantar al público con un solo gesto, una vez observó que los problemas estaban solucionados cogió el micro y, ofreciendo una disculpa en inglés, sentenció con un “One, Two, Three!!” y dio rienda suelta a la música empezando con un track más que contundente, haciendo que las pitadas se transformasen en euforia. La gente disfrutaba de nuevo, y el gigante negro de Manchester demostraba porqué es quien es, y porqué es uno de los más queridos. Su set fueron dos horas aproximadamente cargadas de techno-house, como acostumbra a hacer.

Fue una lástima no poder ver, entre otros, a gente como Dave Clarke, Tiga, 2Many Dj’s, Hernan Cattaneo, Roger Sanchez o Mouseup, pero en un festival de éstas características es imposible seguir a todos.

Ahora la gran incertidumbre es, ¿seguirá celebrándose Creamfields-Andalucía? Unos dicen que sí, otros que pasa a celebrarse en Barcelona, otros que se celebrará en ambos sitios… dentro de no mucho todos estos detalles empezarán a conocerse. Aunque se celebre donde se celebre, la organización tiene todo nuestro respeto después del gran trabajo realizado en ésta tercera edición, donde no hay lugar para la queja. Tanto el ambiente, que fue correctísimo, como las distintas áreas de la organización como bien pudiera ser la seguridad o las barras, cumplieron a la perfección. No hubo desajustes en los horarios, y todo salió a pedir de boca.

Nos vemos el año que viene, Creamfields!

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